Hablemos +56 9 7965 8272

Blog

  • Presentación

    
    
    
    
    

    ¡Hola! Te doy la bienvenida a este espacio. Si hoy te acompaña la ansiedad, o estás viviendo desafíos en tu crianza y tus relaciones, no tienes por qué transitar este camino en soledad.

    Soy Claudio Droguett, psicólogo con más de 10 años de experiencia, cuento con diplomados en terapia sistémica y un magíster en educación inclusiva. Desde una mirada narrativa y cercana, te ofrezco un lugar seguro y sin juicios en Viña del Mar para comprender tu historia, fortalecer tus vínculos y construir soluciones a tu medida.

    Espero que este blog te ayude 🙂

  • Mi enfoque terapéutico

    La Terapia Sistémica Breve Centrada en Soluciones (TSBCS) es un enfoque clínico revolucionario porque le da la vuelta por completo al modelo tradicional de la psicología. En lugar de pasar meses o años investigando el origen del problema, la historia del trauma o las fallas del pasado, este enfoque se enfoca en construir soluciones hacia el futuro aprovechando los recursos que el consultante ya tiene.

    Como psicólogo, utilizo este enfoque en mi práctica profesional porque entiendo que las personas no están rotas; simplemente se encuentran atrapadas en patrones o ciclos que no les permiten ver sus propias fortalezas.

    Los Pilares del Enfoque

    Este modelo se sostiene sobre varias premisas clave que cambian la dinámica de las sesiones:

    • Si no está roto, no lo arregles: Nos enfocamos exclusivamente en lo que el consultante desea cambiar, respetando su autonomía y sus propios objetivos.
    • Si algo funciona, hazlo más: Identificamos las conductas, pensamientos o dinámicas que ya generan bienestar y buscamos potenciarlas.
    • Si no funciona, deja de hacerlo y haz algo diferente: Ayudo a interrumpir los círculos viciosos de «más de lo mismo» (intentos de solución que terminan manteniendo el problema).
    • La mirada sistémica: Entendemos que el consultante no es un elemento aislado. Cada cambio individual genera un efecto dominó en sus relaciones, su familia y su entorno cercano.

    ¿Cómo Trabajamos en Sesión?

    En la terapia centrada en soluciones no buscamos culpables. Trabajamos de manera colaborativa y estructurada utilizando herramientas conversacionales muy específicas:

    1. Las Excepciones

    Por muy grave que sea un problema, nunca ocurre el 100% del tiempo. Investigamos esos momentos específicos en los que el problema no apareció o fue menos intenso. ¿Qué hiciste diferente ese día? Ahí es donde se esconden las pistas para la solución.

    2. La Pregunta del Milagro

    Es una herramienta clásica de este modelo. Te invito a imaginar: Si esta noche, mientras duermes, ocurre un milagro y el motivo que te trajo aquí se resuelve por completo… ¿cómo te darías cuenta a la mañana siguiente? ¿Qué sería lo primero que notarías diferente en ti y en tu entorno? Esto nos ayuda a diseñar metas claras y realistas.

    3. Preguntas de Escala

    Utilizamos escalas del 1 al 10 para medir estados emocionales, confianza o progreso. Si hoy te encuentras en un 4, no nos obsesionamos con el porqué estás tan bajo; nos enfocamos en qué necesitas para avanzar a un 5. El progreso se construye paso a paso.

    El Rol del Terapeuta En mi consulta, mi rol no es el de un «experto supremo» que te dirá exactamente cómo vivir tu vida. Tú eres el experto en tu propia vivencia. Mi papel como terapeuta sistémico es hacer las preguntas adecuadas para que logres identificar tus herramientas, recuperar el control y generar cambios significativos en el menor tiempo posible.

  • El manejo de la desregulación emocional en adultos

    Cuando una persona experimenta un pico de intensidad emocional, la corteza prefrontal (encargada del razonamiento y el autocontrol) reduce su actividad. Por ello, las estrategias más efectivas siguen un orden secuencial estricto: primero calmar el cuerpo, luego ordenar la mente y finalmente ajustar la interacción con el entorno.

    1. Regulación Fisiológica de Entrada (El Botiquín de Emergencia)

    En pleno pico emocional, las intervenciones verbales o lógicas no suelen funcionar. Es necesario hackear el sistema nervioso desde el plano biológico para activar la respuesta parasimpática:

    • Respiración Cuadrada (Box Breathing): Consiste en un ciclo de cuatro fases de igual duración (habitualmente de 4 segundos cada una): inhalar en 4 tiempos, retener el aire con los pulmones llenos 4 tiempos, exhalar en 4 tiempos y mantener los pulmones vacíos durante otros 4 tiempos. Este ritmo constante envía señales directas al nervio vago para disminuir la frecuencia cardíaca.
    • Enraizamiento (Grounding) 5-4-3-2-1: Una herramienta perceptiva diseñada para romper el bucle de pensamientos ansiosos o catastróficos. Consiste en forzar al cerebro a identificar estímulos reales del entorno a través de los cinco sentidos: 5 cosas que puedes ver, 4 que puedes tocar, 3 que puedes oír, 2 que puedes oler y 1 que puedes saborear.
    • Cambio Térmico Abrupto (Habilidades TIPP): Utilizar estímulos físicos intensos como mojar la cara con agua helada o sostener un cubo de hielo en las manos. Esto gatilla el reflejo de inmersión, provocando una desaceleración fisiológica instantánea del ritmo cardíaco y rompiendo el secuestro emocional.

    2. Estrategias Cognitivas y de Foco

    Una vez que el organismo recupera una línea base de activación aceptable, se vuelve viable el procesamiento cognitivo:

    • Etiquetado Emocional Preciso («Name it to tame it»): Pasar de una sensación difusa de malestar («me siento pésimo») a una definición específica («siento una mezcla de frustración y desilusión»). El solo hecho de nombrar con precisión la emoción disminuye la intensidad de la activación amigdalina.
    • Diferenciación entre Emoción e Impulso: Aprender a validar la experiencia interna sin necesidad de actuarla. La premisa base es: «Tengo total derecho a sentir un enojo de nivel 10, pero no estoy obligado a actuar bajo el dictado de ese enojo».
    • Preguntas de Afrontamiento Breves: Reorientar el foco cognitivo desde el bucle pasivo del «¿Por qué me pasa esto?» hacia preguntas pragmáticas orientadas a soluciones: ¿Qué es lo más útil que puedo hacer por mí en este minuto? o ¿Qué pequeño elemento de esta situación sí está bajo mi control directo ahora?

    3. Estrategias Interaccionales y de Contexto

    La desregulación en adultos raramente ocurre en el vacío aislado; por lo general se sostiene o amplifica en la interacción con otros o con un entorno particular:

    • Pausa Relacional Proactiva (Time-out dinámico): En contextos de discusión, en lugar de abandonar el espacio de forma reactiva (lo que suele disparar la alarma en la otra persona), se utiliza una retirada estructurada y pactada: «En este momento estoy muy desregulado para hablar esto con claridad. Necesito salir a caminar 20 minutos para enfriar la cabeza y luego retomamos exactamente donde quedamos». Esto interrumpe las secuencias de escalada destructiva.
    • Modificación del Escenario Físico: El espacio físico ancla los estados emocionales. El simple acto de ponerse de pie, cambiar de habitación, salir al aire libre o alterar la iluminación ayuda a romper el patrón de retroalimentación de la queja o el malestar.

    Regla de oro: La regulación es un proceso bottom-up (de abajo hacia arriba). Intentar resolver un conflicto relacional complejo o reestructurar un pensamiento profundo mientras el cuerpo está inundado de cortisol y adrenalina suele empeorar el panorama.

  • La crianza desde la Terapia Sistémica Breve Centrada en Soluciones

    El enfoque que utilizo cambia por completo la perspectiva tradicional. En lugar de buscar qué está «mal» en el niño o en los padres, o rastrear el origen de los traumas en el pasado, esta mirada se enfoca en lo que ya está funcionando y en cómo la familia puede construir un futuro diferente.

    La Crianza Centrada en Soluciones: Cambiando la Mirada

    Criar no es corregir defectos; es cultivar recursos. Desde el enfoque sistémico centrado en soluciones, la familia se entiende como un equipo donde las acciones de uno influyen en todos (sistema). Cuando surge un problema de conducta, una rabieta o un bache en la comunicación, la tendencia natural es poner una lupa sobre el problema. Sin embargo, este enfoque propone algo diferente: poner la lupa en las excepciones.

    Las excepciones son esos momentos en los que el problema debió haber ocurrido, pero no ocurrió. ¿Por qué el martes el niño sí hizo la tarea sin gritar? ¿Qué hicieron los padres de manera diferente ese día? En la respuesta a esas preguntas se esconde la verdadera fórmula del cambio. Esta terapia parte de una premisa profundamente respetuosa y empática: los padres ya tienen los recursos necesarios para resolver sus dificultades, solo necesitan ayuda para volver a verlos y activarlos. No hay «padres culpables», sino pautas atascadas que se pueden mover hacia el bienestar colectivo.

    ¿Qué se trabaja en Terapia con los Padres y la Familia?

    En las sesiones de Terapia Breve Centrada en Soluciones, el psicólogo no actúa como un experto sabelotodo que da recetas mágicas, sino como un colaborador. El trabajo es muy pragmático, conversacional y orientado a la acción a través de las siguientes claves:

    1. Definición del «Futuro Preferido» (La Pregunta del Milagro)

    En lugar de pasar horas describiendo el problema, se trabaja en definir detalladamente cómo quieren que sea la vida familiar. Se suele utilizar una técnica llamada La Pregunta del Milagro:

    «Si esta noche, mientras duermen, un milagro ocurriera y este problema desapareciera… ¿cómo se darían cuenta a la mañana siguiente? ¿Qué sería lo primero que notarían diferente en el trato con sus hijos?» Esto ayuda a los padres a salir de la queja y a fijar metas realistas y visualizables.

    2. Rastrear y Amplificar las Excepciones

    Se examina minuciosamente la historia reciente de la familia para encontrar los momentos de éxito. El terapeuta ayuda a los padres a descubrir qué hicieron bien en esos momentos y cómo pueden repetir y ampliar esas conductas exitosas. Si algo funciona, se hace más de eso.

    3. El Uso de Escalas (Evaluación del Progreso)

    Se trabaja mucho con escalas del 1 al 10 (donde 10 es el «futuro preferido» y 1 es el peor momento del problema). Esto permite a la familia:

    • Visibilizar que las cosas rara vez están en 0; si están en un 4, se analiza qué está sosteniendo ese 4 para que no caiga.
    • Identificar pasos diminutos: «¿Qué tendría que pasar esta semana para subir de un 4 a un 5?» (Los cambios pequeños generan grandes giros sistémicos).

    4. Elogios y Connotación Positiva

    El desgaste de la crianza suele hacer que los padres se sientan incompetentes o culpables. En terapia se trabaja activamente en redescubrir las fortalezas parentales. Se elogian los esfuerzos legítimos y se reencuadran las intenciones: por ejemplo, ver el «desafío» de un adolescente no como rebeldía pura, sino como un intento (quizás torpe) de buscar su autonomía.

    5. Tareas entre Sesiones (Pequeños Experimentos)

    Al final de cada sesión se co-construyen tareas sencillas. No son mandatos rígidos, sino «experimentos» como:

    • «Esta semana, observen y anoten discretamente qué hace su hijo cuando se porta bien, para que me lo cuenten el próximo día».
    • «Hagan un pequeño cambio en la rutina de la cena y observen qué pasa».

    En resumen, en la terapia se trabaja para que la familia deje de pelear contra el problema y empiece, en su lugar, a alimentar las soluciones que ya habitan en su propia casa.

  • 5 preguntas más comunes sobre la psicoterapia y sus respuestas

    1. ¿Cómo sé si realmente necesito ir al psicólogo?

    No existe un «termómetro» exacto, pero la señal más clara es cuando tus recursos actuales no están siendo suficientes para manejar lo que te pasa. Si notas que el malestar (ansiedad, tristeza, estrés, problemas de pareja, etc.) interrumpe tu vida cotidiana, afecta tu trabajo, tu descanso o tus relaciones, es un excelente momento. Tampoco hay que estar «grave» para ir; muchas personas consultan simplemente para conocerse mejor, ordenar ideas o resolver un conflicto puntual.

    2. ¿Qué se hace exactamente en una sesión? ¿Tengo que hablar de toda mi infancia?

    La terapia actual es, ante todo, una conversación con un propósito. No estás obligado a desenterrar tu pasado desde el primer minuto si no quieres. En las primeras sesiones se evalúa qué te pasa hoy (en el presente) y qué te gustaría lograr (tus objetivos). A partir de ahí, se conversa sobre tus dinámicas actuales, cómo ves el problema y se buscan formas de cambiar lo que te está haciendo sufrir. El ritmo lo manejas tú.

    3. ¿Cuánto tiempo dura un proceso terapéutico?

    Depende completamente del enfoque del profesional y de la complejidad de lo que traigas a consulta. Existen enfoques de terapia breve y centrada en soluciones que pueden durar unas pocas semanas o meses (enfocadas en resolver objetivos muy específicos), mientras que otros procesos de autoconocimiento pueden extenderse más en el tiempo. La idea de una buena terapia no es generar dependencia, sino darte herramientas para que puedas seguir tu camino de forma autónoma.

    4. ¿El psicólogo me va a decir qué es lo que tengo que hacer con mi vida?

    No, y desconfía si lo hace. El rol del terapeuta no es dar consejos ni decirte qué decidir y menos opinar de tus circunstancias pasadas o actuales. Tú eres el experto en tu propia vida. El psicólogo funciona como un consultor o un facilitador: te ayuda a ver el mapa completo, a descubrir puntos ciegos, a entender por qué repites ciertos patrones y a iluminar opciones que quizás no habías visto, pero las decisiones finales siempre son tuyas desde la coherencia de tu vida.

    5. ¿Qué pasa si no me siento cómodo o no tengo «química» con el terapeuta?

    Es algo que puede pasar y es perfectamente válido. La alianza terapéutica (la confianza y sintonía entre tú y tu psicólogo) es uno de los factores más importante para que una terapia funcione. Si sientes que no hay sintonía , que no te entiende o simplemente no te da seguridad, tienes todo el derecho de decírselo o de buscar a otro profesional. Los psicólogos entendemos esto perfectamente y nos lo tomamos como parte normal de la práctica profesional.

    Nota clave: Todo lo que se habla dentro de un box de terapia (o en una sesión online) está resguardado por el secreto profesional. Es un espacio 100% seguro y libre de juicios.

  • ¿Cómo abordar la depresión desde la psicoterapia?

    La depresión, mirada desde los enfoques sistémico y narrativo, deja de ser vista como una «enfermedad interna» o un defecto biológico/psicológico aislado del individuo. En lugar de eso, se entiende como un fenómeno que cobra sentido en la red de relaciones de la persona y en las historias que se han construido sobre su vida.

    Redefiniendo la Depresión: Más allá del síntoma individual

    Tradicionalmente, la depresión se ha etiquetado como un trastorno que ocurre exclusivamente «dentro» de la cabeza de una persona. Sin embargo, cuando abrimos el foco, descubrimos que el malestar no nace en el vacío.

    Desde una perspectiva sistémica y narrativa, la depresión no define quién eres; es un visitante o un problema externo que se alimenta de dinámicas relacionales desgastantes y de narrativas rígidas que han terminado por sepultar la identidad y los recursos de la persona.

    1. El enfoque Sistémico: El síntoma en el tejido relacional

    En la terapia sistémica, entendemos que las personas formamos parte de redes complejas (familia, pareja, trabajo, cultura). Desde aquí, la depresión puede interpretarse como:

    • Una respuesta a un sistema en crisis: A veces, el síntoma de un miembro de la familia visibiliza tensiones, duelos no resueltos o dinámicas de comunicación disfuncionales dentro del grupo.
    • Un intento de solución que se volvió problema: El aislamiento o la falta de energía pueden haber surgido inicialmente como una forma de protección o de pausa ante una exigencia externa abrumadora, pero con el tiempo, ese mecanismo terminó atrapando a la persona.

    2. El enfoque Narrativo: Desmantelando la «Historia Dominante»

    La terapia narrativa, desarrollada por Michael White y David Epston, aporta una herramienta fundamental: la externalización. El postulado clave es simple pero poderoso: “La persona es la persona, el problema es el problema”.

    Cuando la depresión se instala, suele construir una historia dominante en la vida del consultante. Esta historia le dice que no vale nada, que siempre ha fracasado y que el futuro es oscuro. La persona termina fusionándose con el problema («soy depresivo»). El abordaje narrativo busca:

    • Externalizar la depresión: Ponerle nombre al problema como algo separado de la identidad (por ejemplo, llamarla «la Niebla», «la Sombra» o «el Desánimo»). Al separarla, la persona pasa de ser la víctima pasiva a un agente que puede decidir cómo relacionarse con ese malestar.
    • Rescatar los «Acontecimientos Extraordinarios»: Investigar aquellos momentos, por pequeños que sean, en los que la persona logró desobedecer a la depresión, sonreír, cuidar de sí misma o tomar una decisión. Esos momentos son las semillas para escribir una historia alternativa basada en sus competencias, valores y esperanzas.

    ¿Cómo se aborda en la práctica clínica?

    El proceso terapéutico no busca «reparar» a un individuo dañado, sino co-construir un nuevo escenario relacional y narrativo a través de los siguientes pasos:

    1. Deconstruir el relato del problema: Explorar de dónde saca su fuerza la depresión. ¿Qué discursos sociales, familiares o de autoexigencia la están alimentando?
    2. Conversaciones de externalización: Modificar el lenguaje. No es lo mismo decir «estoy profundamente deprimido» que «últimamente la pesadez me ha estado impidiendo conectar con las cosas que disfruto». Esto devuelve la influencia y la responsabilidad al consultante.
    3. Explorar la red de apoyo (El Sistema): Evaluar cómo reacciona el entorno. A veces, las respuestas bienintencionadas de la familia («tienes que poner de tu parte») aumentan la culpa. Se trabaja para que el sistema relacional se vuelva un aliado y no un perpetuador del problema.
    4. Descubrir los saberes y resistencias: Validar las formas en que la persona ha resistido a los embates de la depresión. Cada día que la persona sobrelleva el malestar, hay una micro-estrategia de supervivencia que merece ser reconocida.
    5. Engrosar la historia alternativa: Conectar los éxitos pasados y presentes del consultante con una nueva definición de sí mismo, permitiéndole proyectar un futuro donde la depresión ya no tenga el papel protagónico.

    En conclusión: Abordar la depresión desde aquí es un acto de liberación. Implica dejar de buscar culpables o fallas de fábrica en el individuo, para empezar a reescribir una historia donde las relaciones sanan y las personas recuperan la autoría de sus propias vidas.

  • ¿Cómo la terapia aborda la desesperanza?

    La desesperanza es una experiencia emocional abrumadora; se siente como un túnel sin salida donde la persona cree que nada va a cambiar y que no tiene control sobre su futuro. Tanto la Terapia Sistémica Centrada en Soluciones (TSCS) como la Terapia Narrativa son enfoques extraordinariamente eficaces para abordarla, pero lo hacen desde ángulos diferentes y complementarios.

    En lugar de hurgar en el «por qué» del problema de forma indefinida, ambas terapias asumen que la persona no es el problema y que ya posee recursos para salir adelante.

    Aquí te explico cómo ayuda cada una a desmantelar la desesperanza:

    1. Terapia Sistémica Centrada en Soluciones (TSCS)

    Este enfoque (desarrollado por Steve de Shazer e Insoo Kim Berg) cambia radicalmente el foco: pasa de la «charla sobre el problema» a la «charla sobre la solución». La desesperanza se alimenta de la idea de que el malestar es absoluto y eterno. La TSCS rompe esa ilusión mediante herramientas muy concretas:

    • La Pregunta del Milagro: Se le pide al consultante que imagine que, mientras duerme, ocurre un milagro y su problema desaparece. ¿Cómo sería el día siguiente? Esto ayuda a una persona desesperanzada a reconectarse con el futuro, a visualizar una realidad libre de malestar y a co-crear metas alcanzables.
    • Búsqueda de Excepciones: Parte de la premisa de que ningún problema ocurre el 100% del tiempo. El terapeuta explora momentos (por pequeños que sean) en los que la desesperanza no estuvo presente o fue menor. Al notar que «el martes me sentí un poco mejor», la persona entiende que el problema no es invencible y que ella hizo algo diferente para que eso pasara.
    • Preguntas de Escala: En un rango del 1 al 10, donde 1 es la peor desesperanza y 10 es el milagro cumplido, se le pregunta en qué número está hoy. Si dice «un 2», la pregunta clave es: ¿Cómo haces para mantenerte en un 2 y no caer al 1? Esto visibiliza la capacidad de resistencia que el paciente está teniendo sin darse cuenta.

    En resumen: La TSCS combate la desesperanza devolviendo la mirada hacia el futuro y rescatando los recursos y éxitos que la persona ya tiene en el presente.

    2. Terapia Narrativa

    Desarrollada por Michael White y David Epston, esta terapia entiende que nuestras vidas están moldeadas por las historias que nos contamos a nosotros mismos. Una persona con desesperanza suele estar atrapada en una «historia saturada de problemas» («Soy un fracaso», «Nunca nada me sale bien»). La terapia narrativa ayuda a reescribir ese relato:

    • Externalización del problema: Es el pilar fundamental. En lugar de decir «Soy una persona desesperanzada», se fomenta decir «La Desesperanza me está visitando últimamente». Al separar la identidad de la persona del problema («La persona no es el problema; el problema es el problema»), se reduce la culpa y se abre un espacio para luchar contra el malestar, en lugar de luchar contra uno mismo.
    • Deconstrucción del relato dominante: Se analiza de dónde viene esa desesperanza. A veces está alimentada por mandatos sociales, familiares o expectativas irreales. Al entender el origen de la «voz» de la desesperanza, esta pierde su autoridad.
    • Acontecimientos Extraordinarios (o resultados únicos): Son historias de la vida de la persona que no encajan con el relato de la desesperanza. Momentos donde fue valiente, donde ayudó a alguien o donde superó una crisis. Estos momentos se usan como cimientos para construir una historia alternativa de resiliencia y agencia personal.
    • Testigos Externos: A menudo se invita a personas significativas (o al propio terapeuta) a validar esta nueva historia, consolidando el nuevo sentido de identidad de la persona.

    En resumen: La Terapia Narrativa combate la desesperanza quitándole el control del relato de vida a la depresión o la ansiedad, devolviéndole a la persona el rol de autor principal de su historia.

    El efecto combinado: ¿Por qué funcionan tan bien juntas?

    Cuando una persona experimenta desesperanza, se siente impotente e inmóvil. Ambos enfoques psicológicos actúan como un poderoso motor de cambio porque:

    1. Devuelven la agencia: La persona deja de ser una víctima pasiva de sus circunstancias y redescubre su capacidad de influir en su vida.
    2. No patologizan: No miran al paciente como alguien «roto» que necesita ser reparado, sino como alguien atrapado en una mala racha o en una narrativa opresiva.
    3. Generan alivio rápido: Al centrarse en las excepciones y en el lenguaje externalizado, el peso emocional disminuye significativamente desde las primeras sesiones.
  • Ser adolescente hoy…

    Ser adolescente hoy en día es, probablemente, una de las experiencias más fascinantes y, al mismo tiempo, más agotadoras de la historia reciente. No se trata solo de la clásica tormenta de hormonas o de la eterna búsqueda de identidad que todas las generaciones han vivido; se trata de que hoy todo eso ocurre en un escenario infinitamente más complejo, ruidoso y visible.

    Si miramos su realidad con ojos comprensivos, nos damos cuenta de que los adolescentes actuales no son apáticos ni «de cristal», como a veces se les etiqueta a la ligera. Son, más bien, malabaristas de una intensidad emocional y social sin precedentes.

    La vida en dos pantallas (y un solo corazón)

    A diferencia de sus padres, los adolescentes de hoy no «entran» a internet: viven en él. La frontera entre el mundo físico y el digital se ha disuelto. Un pasillo de la escuela secundaria se prolonga por la noche en un grupo de WhatsApp, y una mirada en el salón de clases se analiza minuciosamente a través de las «historias» de Instagram o los videos de TikTok.

    Esto genera una narrativa de vida hiperconectada que tiene dos caras muy profundas:

    • La comunidad global: Por un lado, la tecnología les ha dado una empatía y una conciencia social admirables. Un chico o una chica de quince años hoy debate sobre salud mental, diversidad, cambio climático o derechos humanos con una madurez que asombra. Encuentran refugio, amigos con sus mismos intereses raros (random)y causas comunes a solo un clic de distancia. No están solos en sus habitaciones; están conectados con el mundo.
    • La mirada implacable: Por otro lado, la presión social se ha vuelto de 24 horas. Antes, el hogar era el refugio donde el juicio de los demás no entraba. Hoy, la aprobación o el rechazo social miden su valor en tiempo real a través de likes, vistas o mensajes no respondidos. Es una carga invisible pero pesadísima: la obligación de «curar» y editar su propia vida para que parezca perfecta ante los demás.

    El peso del futuro en un presente incierto

    Socialmente, los adolescentes de esta época cargan con una mochila de expectativas muy alta en un mundo que se siente bastante inestable. Se les exige definir qué quieren ser en la vida cada vez más temprano, en un mercado educativo y laboral hipercompetitivo.

    Escuchan hablar de crisis económicas, de un planeta en emergencia climática y de la incertidumbre del mañana. Ante esto, su respuesta narrativa suele ser una mezcla de ansiedad latente y un pragmatismo tremendo. Muchos deciden enfocarse en el «aquí y ahora» no por rebeldía, sino como un mecanismo de defensa saludable frente a un futuro que nadie les puede garantizar.

    La salud mental: del tabú a la conversación abierta

    Si algo define positivamente a esta generación, es su valentía para hablar de lo que duele. El viejo mandato de «tragarse los problemas» ya no va con ellos. Para los adolescentes actuales, la ansiedad, la depresión o el simple hecho de sentirse abrumados son temas de conversación cotidianos.

    Han logrado algo histórico: democratizar la vulnerabilidad. Decir «no estoy bien» ya no es motivo de vergüenza en el aula, sino un punto de encuentro y apoyo mutuo.

    Sin embargo, esta misma apertura los expone a una paradoja (contradicción). Al estar tan informados, a veces se autodiagnostican o se sumergen en narrativas de malestar que se alimentan de los propios algoritmos de las redes sociales, los cuales tienden a amplificar la melancolía o la insatisfacción.

    Una mirada de puente, no de juez

    Para entender a los adolescentes de hoy, el mundo adulto necesita bajarse del estrado del juicio (evitar el sermón constante) y sentarse a escuchar. No necesitan que les digamos que en nuestros tiempos las cosas eran «más fáciles» o «mejores» (porque eran simplemente distintas), ni que minimicemos sus dramas digitales etiquetándolos de superficiales. Para ellos, lo que pasa en la pantalla es real, duele real y alegra real.

    A fin de cuentas, la adolescencia actual es un acto de resistencia silenciosa. Están aprendiendo a construir su identidad bajo el microscopio de la tecnología, intentando descifrar quiénes son mientras el mundo cambia a una velocidad vertiginosa. Mirarlos con compresión es entender que, detrás de cada pantalla encendida, no hay una falta de disciplina, sino un ser humano buscando desesperadamente su lugar en el mundo, contención y, sobre todo, alguien que le diga que todo va a estar bien.

  • Estrés y malestar actual

    El estrés y el malestar no son problemas individuales; se han convertido en la banda sonora de la vida moderna. Vivimos en una época de hiperconectividad, donde las fronteras entre el trabajo y la vida personal se han desdibujado por completo. Aunque la tecnología prometía hacernos la vida más fácil, a menudo nos ha dejado atrapados en una cultura de la productividad constante y la comparación social.

    A continuación, analizamos las principales causas de este fenómeno y cómo impacta en nuestro cuerpo y mente.

    Las Raíces del Malestar Actual

    El ritmo de la sociedad contemporánea exige una adaptabilidad para la que nuestro diseño evolutivo no está del todo preparado. Las causas más comunes del estrés moderno incluyen:

    • Hiperconectividad y Fatiga Digital: La obligación implícita de estar siempre disponibles (respondiendo correos, mensajes o alertas) impide que el cerebro entre en un estado de descanso real.
    • La Cultura de la Inmediatez: Todo lo queremos para «ya». Esta falta de paciencia generalizada genera una ansiedad constante frente a los procesos naturales de la vida, que requieren tiempo.
    • Sobrecarga Informativa (Infoxicación): El consumo diario de noticias trágicas, crisis globales y la constante comparación con las vidas «perfectas» que la gente muestra en redes sociales aumentan la sensación de vulnerabilidad e insuficiencia.
    • Incertidumbre Laboral y Económica: El mercado actual exige una especialización constante y ofrece menos estabilidad que en generaciones anteriores, alimentando el miedo al futuro.

    El Impacto en la Salud: Más allá de «estar cansado»

    El estrés crónico no es solo una sensación mental; tiene un costo físico real y medible. Cuando el cuerpo percibe una amenaza constante, activa el sistema nervioso simpático, liberando hormonas como el cortisol y la adrenalina de forma sostenida.

    Sistema AfectadoConsecuencias a Largo Plazo
    Mental y CognitivoAnsiedad, depresión, problemas de concentración y el síndrome de burnout (agotamiento profesional).
    CardiovascularAumento de la presión arterial y mayor riesgo de problemas cardíacos debido a la tensión constante.
    InmunológicoDebilitamiento de las defensas, lo que nos vuelve más propensos a infecciones y dificulta la recuperación.
    Digestivo y SueñoAlteraciones en la microbiota intestinal («el segundo cerebro») e insomnio crónico.

    Una paradoja moderna: Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos tenido tanto acceso a comodidades médicas, tecnológicas y de entretenimiento, y sin embargo, los índices de ansiedad y recetas de psicofármacos están en máximos históricos.

    El verdadero reto del siglo XXI no es producir más o ir más rápido, sino aprender a frenar de forma consciente. Establecer límites con las pantallas, normalizar el «no hacer nada» y cuidar los vínculos humanos reales son los primeros pasos para recuperar el bienestar en un mundo que no planea bajar la velocidad.

  • El Duelo desde la TSBCS

    El tratamiento del duelo desde la Terapia Sistémica Breve Centrada en Soluciones (TSBCS) ofrece una perspectiva profundamente esperanzadora y respetuosa. A diferencia de los enfoques tradicionales que se centran en el dolor, las etapas del sufrimiento o la patología, este modelo —desarrollado inicialmente por Steve de Shazer e Insoo Kim Berg— entiende que la persona no está «rota», sino atravesando una transición vital sumamente dolorosa. No se busca «curar» el duelo, sino acompañar a la persona a co-construir una narrativa de continuidad y adaptación.

    Desde la mirada sistémica, el duelo no es solo un proceso intrapsíquico (dentro de la mente del individuo), sino un fenómeno relacional. La pérdida de un ser querido altera la estructura, los roles y las pautas de comunicación de todo el sistema familiar o social. La TSBCS interviene en este espacio relacional explorando cómo el consultante y su entorno directo pueden activar recursos existentes para navegar la ausencia.

    Las herramientas clave de este enfoque se adaptan al duelo de la siguiente manera:

    • La pregunta del milagro (adaptada): En lugar de evocar un futuro imposible donde la persona fallecida regresa, se orienta hacia la funcionalidad. Por ejemplo: «Si esta noche ocurriera un milagro y mañana sintieras que el dolor ya no te paraliza, sino que te permite recordar con paz, ¿cuál sería el primer pequeño detalle que te haría notar que estás empezando a avanzar?» Esto ayuda a proyectar un mañana habitable.
    • Búsqueda de excepciones: Consiste en identificar los momentos —por pequeños que sean— en los que el dolor da una tregua o la persona logra conectar con la vida. Preguntar «¿Qué hiciste de manera diferente el martes que te permitió levantarte y preparar el desayuno?» devuelve al consultante la autoría de su bienestar.
    • Preguntas de escala: Utilizadas para medir el afrontamiento. En una escala del 1 al 10, donde 1 es el día del fallecimiento y 10 es una aceptación serena, si el usuario se sitúa en un 3, la intervención no se enfoca en cómo llegar al 10, sino en «¿Qué estás haciendo para mantenerte en un 3 y no caer a un 1?» y «¿Cómo se vería un 3.5?»
    • Preguntas de afrontamiento (Coping): Reconocen la gravedad de la pérdida y validan el dolor, pero visibilizan la resiliencia: «Con el dolor tan inmenso que sientes, ¿cómo lograste tener la fuerza para cuidar de tus hijos esta semana?»

    Finalmente, este enfoque transforma el concepto de «cerrar ciclos» o «soltar». En lugar de olvidar o desvincularse, la terapia centrada en soluciones invita a re-vincularse. Se explora cómo honrar el legado del ser querido, integrando sus enseñanzas, valores o recuerdos en los proyectos futuros del consultante. El objetivo no es eliminar el dolor —el cual se valida genuinamente—, sino dilatar el espacio vital de la persona para que la vida y el futuro vuelvan a tener cabida junto al recuerdo de lo perdido.